miércoles, 9 de noviembre de 2011

ejemplo de reportaje


Esclavos Made in Japán


Compran ‘bolitas’ a precio de ‘gallina muerta’

Trata. El rentable negocio del tráfico de humanos lleva a los bolivianos a devorarse sin piedad


Texto: Roberto Navia Gabriel

Fotos: Clovis de la Jaille


Todo es real. Hay explotación laboral, trata de personas y reducción a servidumbre. Existe retención indebida de documentos, niños trabajando, promiscuidad sexual y tuberculosis. También se registran jornadas de trabajo que duran más de 20 horas, salarios miserables a cambio de un cuartucho, un raquítico plato de comida y, sobre todo, hay muchas máquinas de coser.


Todo ello ocurre a diario y sin frenos en los cientos de talleres de costura clandestinos, camuflados en casas de familia, que operan de lunes a domingo en las ruidosas ciudades de São Paulo y Buenos Aires que aterran a los miles de bolivianos que, sentaditos en las máquinas de coser, están siendo sometidos a un sistema de esclavitud que no es un secreto y que ya no avergüenza a ninguna autoridad, a no ser que uno de los tantos desgraciados muera trágicamente.


Las víctimas son los bolivianos pobres y desempleados que sobreviven en los rincones olvidados del país. Pero también son bolivianos sus verdugos que ejecutan técnicas persuasivas para arrancarlos de sus lugares y llevarlos con engaños a esas tierras lejanas donde, en vez de llamarlos por sus nombres, les dicen ‘los bolitas’, y donde los encierran para que costuren cientas de prendas de vestir, desde las siete de la mañana hasta las dos o tres de la madrugada del día siguiente.


Los consulados que Bolivia tiene en ambas ciudades revelan cifras aterradoras: de más de un millón de inmigrantes bolivianos, muchos viven bajo este régimen en Buenos Aires. Lo mismo sucede en São Paulo, donde hay cerca de 80.000 inmigrantes.


Como es de suponer, esto lo saben las autoridades en Bolivia, pero también lo saben sus pares en Brasil y Argentina, la Iglesia católica y también la Policía. Pero el viaje de tres semanas que hice a São Paulo y a Buenos Aires, no sólo sirvió para escuchar a esas fuentes oficiales, sino, y sobre todo, para meterme en el ‘estómago de la bestia’, es decir, internarme en la vida de esos hombres y mujeres, aquellos morenitos de baja estatura, livianitos de peso y de cabeza gacha, para comprobar y escuchar sus historias y también las historias de los dueños de los talleres y descubrir cómo se origina y cómo crece y se fortalece ese tráfico de ‘carne humana’, cuyo movimiento económico, por ser tan grande, nadie ha podido medir todavía.


La persona que me ayudó a ganar la confianza de los involucrados, de los buenos y de los malos de esa película de terror, fue Charly -su nombre es Marco Antonio Hinojosa (62)- aquel hombre que con el paso de los años dejó de parecerse físicamente a la estrella hollywodense de los 80, Charles Bronson, para ahora asemejarse al presidente brasileño Luis Inácio Lula da Silva.“Quiero que cuenten todo a este periodista que vino de Bolivia”, les decía con su voz imperativa y ronca a los bolivianos que habían sido rescatados de aquel mundo sin Dios, como ellos lo llaman.


A Charly lo respetan porque él les ayuda a tramitar ante el Consulado sus documentos de radicatoria y en detectar y llevar al hospital a los compatriotas que tienen síntomas de desnutrición y de tuberculosis.Una treintena de testimonios revela que fueron reclutados con engaños en Bolivia a través de anuncios que se emiten por radio, prometiéndoles vivienda y alimentación como la gente, y un sueldo de 300 dólares por trabajar ocho horas diarias. Pero nada de eso ocurre. Cuando llegan a la ciudad les quitan sus documentos y les dicen que no salgan a la calle porque la Policía Federal odia a los inmigrantes y que los llevarán a la cárcel.


Les dan la triste noticia de que la paga no será por mes, sino por prendas, entre 0,10 y 0,30 centavos de dólar por cada costura; y les recalcaban que no recibirán ningún sueldo hasta que no terminen de pagar el pasaje que les costearon desde Bolivia.Al pasar por la casa número 404 de la rua (calle) Cajurú en el barrio Belén de São Paulo, nos saluda temeroso un muchacho de 25 años con traza de costurero, (tiene la misma pinta que los otros compatriotas que entrevisté días y horas antes). Parado detrás de las rejas de fierro de esa vivienda, dice que se llama Ríder Mamani Limachi y que es paceño.


Era cerca de la una de la tarde de un acalorado sábado de junio y el boliviano empezó a quejarse de que no podía salir de esa casa porque su patrón se había llevado la llave, que siempre que se ausenta hace lo mismo porque no quiere que sus empleados salgan y porque desconfía que le vacíen la casa donde funciona el taller de costura. “Sólo si me duele mi muela, le digo que tengo que ir a hacérmela sacar”, comenta resignado.A Yenny Mendieta (23) la encontramos refugiada en la Pastoral del Migrante de la rua do Glicério 225. Vomitó una historia que dice que necesita olvidar.


Ella salió embarazada de La Paz hace un año y medio hacia São Paulo con el nombre de Zulma y su marido Limberg Nogales (24) como Teodoro. De los apellidos ya ni se acuerdan porque dicen que eran raros.A finales de 2004 fueron tentados por un anuncio radiofónico, que escucharon en la ciudad de El Alto, para viajar a Brasil como costureros. Se contactaron con un tal Eduardo, que les prometió una vida con mucho futuro.


"Empezaron a suceder cosas raras desde un comienzo", recuerda Yenny Mendieta. La mujer se refiere a los carnés que le entregó Eduardo a ella y a su marido, los que en realidad pertenecían a otras personas. Los nombres eran ajenos y también las fotos. "Pero esa gente extraña se parecía a nosotros", afirma con una voz que a cada minuto baja de volumen.


Recuerda que el primer día de trabajo fue tal como habían convenido en Bolivia, pero después les exigían que se queden hasta la una de la madrugada y luego hasta las dos. Después resultó que no les darían sueldo hasta que paguen los 180 dólares que habían gastado en los pasajes de cada uno, pero nunca terminaban de cubrir esa deuda.



En realidad, aclara, que solamente salió una vez de esa casa cuya dirección nunca pudo memorizar, horas antes de que su bebé pataleara para salir de su vientre. La llevaron caminando y escoltada por dos hombres a un hospital que quedaba a seis cuadras del taller. Dio a luz un viernes, a su hijo lo llamó Ayrton (igual que al corredor de Fórmula 1 de apellido Senna); el sábado volvió a su centro de reclusión, descansó el domingo y el lunes ya estaba de nuevo sentada al lado de su máquina de costura.


"El tal Eduardo me reñía cuando me levantaba para dar de chupar a mi bebé, es por eso que lo crié con mamadera, porque el patrón dijo que prefería darme un vale de 20 reales para la leche. Él mismo iba a comprarla porque yo tenía prohibida la salida”, rememora.Cuando terminaron de pagar la ‘deuda’, el marido de Mendieta logró que le den permiso para salir un sábado en la tarde.


Se encontró con otros bolivianos y visitó sus casas y en una de ellas escuchó a través de una radioemisora conducida por bolivianos que aconsejaban que no tengan miedo a la Policía y que podían caminar por las calles de São Paulo. "Fue como despertar. Nos dimos cuenta que habíamos estado encerrados 10 meses", dice Mendieta y muestra una sonrisa que la tenía archivada desde que salió de Bolivia, escapando del desempleo, pero que, como sucede con miles de bolivianos, afirma que se encontró con una vida de perros.


Ellos agachan el lomo y otros disfrutan los billetesLos bolivianos son los que hacen el gasto físico y sus patrones y los patrones de éstos -que en muchos casos son ciudadanos coreanos- son los que se llevan las ganancias. La cadena de explotación es la siguiente, según una veintena de testimonios entre autoridades consulares y de Derechos Humanos: un costurero gana entre 10 y 30 centavos de dólar por cada prenda, el dueño del taller recibe cerca de $us 2 del propietario de la mercadería, que es el que le encarga que le costure miles de prendas y éste las vende a los mercados en por lo menos $us 20.


La cooperativa La Alameda y la Unión de Trabajadores Costureros de Buenos Aires, revelaron que fabricantes de primer nivel se valen de este sistema de explotación para obtener fabulosas ganancias a costa de la servidumbre de los costureros y sus familias.


opinion de la crónica de andres

la historia de la crónica de andres me parecio muy interesante, ya que su narración
es concreta y bien estructurada...esta historia juega constante con los tiempos en el cual
es anacrónica.

para mejorar la historia, me hubiese gustado que contara más la vida de "santiago" el protagonista de la crónica ya que es lo esencial de la historia, hay coherencia pero pienso que falto uno que otro conector

como dato adicional, esta crónica podría ser más corta ya que la historia en cierto punto la llegue
a ver aburridora en el nudo, pero cabe mencionar que el descenlace vuelve a atrapar al lector.

también los intertítulos fueron muy esenciales en la historia y las fotografías estan bien tomadas y bien enfocadas y pienso que fueron acordes con el tema

http://virtualmediav.blogspot.com/

martes, 1 de noviembre de 2011

BANNERS AVIANCA

View on ShareSWF

BANNERS CORAZÓN

View on ShareSWF

SOL Y LUNA

View on ShareSWF

ANGEL NIRVANA

View on ShareSWF

ANGEL NIRVANA

View on ShareSWF

INFOGRAFIA ESQUELETO

View on ShareSWF

INFOGRAFIA ESQUELETO

View on ShareSWF

martes, 13 de septiembre de 2011

examen y reflexión

el examen me parecio facil, pero me se me olvida hacer las interpolaciones, no porque no sepa sino un simple olvido, lo que yo hice fue lo basico pero creo que lo hice bien, lo que falta es mas práctica, práctica y práctica....
el examen teórico estuvo también facil pero el punto 4 se me hizo confuso y casi no lo supe desarrollar.

noticia de la semana



Neuromárketing: entender tu cerebro para hacerte comprar más



Los sondeos de opinión son cosa del pasado, lo nuevo es entender los impulsos irracionales. Bienvenidos al mercadeo del siglo XXI. Pero... ¿por qué diablos diseñan los centros comerciales para perderse?



¿Se ha perdido alguna vez en un centro comercial? La respuesta probablemente será que sí y no sólo una, sino varias. En ese caso, no se preocupe, no es que le falten aptitudes de la orientación o que sea un error de diseño: es que, de hecho, los centros comerciales son pensados para confundir.


Al menos esa es la respuesta que da el neuromárketing, esto es, la moderna ciencia que trata de comprender el comportamiento humano a la hora de comprar por medio de sofisticadas técnicas neurológicas. O puesto en otros términos: lo neurólogos que no buscan curar, sino optimizar cada dólar que se invierte en publicidad.


Neurólogos publicistas


El neuromárketing parte de la premisa de que prácticamente la totalidad de las decisiones de compra obedecen a un impulso irracional.


Por eso dice que lo que los estudios de mercado deberían olvidarse de los sondeos de opinión o grupos focales. La orden de comprar viene del subconsciente y la única forma que tenemos para descifrar cómo funciona es estudiar el cerebro.


Uno de los gurús mundiales del neuromárketing es A.K. Pradeep, científico de origen indio y fundador de Neurofocus, una de las mayores empresas del sector. Para Pradeep, "preguntarle a la gente sobre cuestiones emocionales es una pérdida de tiempo. Hacer grupos focales sobre cuestiones emocionales es una pérdida de tiempo".


Neuromárketing no pregunta porque las respuestas, aunque sean sinceras, no son la verdad. Porque la verdad -al menos en términos de mercadeo- no es una opción racional sino un impulso. Al tomar una decisión, lo emocional gobierna. Por eso desechan las encuestas y, por ende, la interpretación del sujeto sobre sus propios impulsos, y acude a diseccionar el comportamiento del cerebro con todo tipo de sensores. Se trata de interrogar al cerebro y no a la persona.


Los sondeos de opinión -piensan- son lo que el telégrafo a un teléfono de última generación. Piérdase y compre Volvamos a los centros comerciales que parecen diseñados para confundir. Según le explicó a BBC Mundo el psicólogo británico Tim Holmes, de la Universidad de Londres, lo que buscan los arquitectos que idean esos espacios es sumir a los clientes en un estado de "navegación constante" que los lleve a escrutar con ansiedad todo el entorno. Se trata de obligarlo a hacer un "considerable esfuerzo cognitivo" para construirse mentalmente un mapa, lo que implica mirar hacia todos lados.


"Este escaneo constante es la oportunidad que tienen las tiendas para captar la atención del cliente", explica Holmes.


"En captar la atención hay técnicas documentadas: los colores brillantes, la iluminación, los carteles dinámicos y los anuncios con rostros son bastante efectivos". "Y al captar la atención los distraen de la tarea de hacerse un mapa mental del lugar... y prolongan la desorientación".


Lo que quieren es acabar con el prototipo del que cree que necesita una cosa y va al centro comercial a comprarla. Ese sujeto es el "anticliente".


De lo que se trata es de ponérselo difícil, que no le quede más remedio que pasar por otras tiendas.


"El resultado final es un cliente que se encuentra estado de 'navegación constante' y que, según trata de hacerse un mapa mental del lugar, se va distrayendo y yendo más y más profundo en el laberinto".


Lo que quiere y lo que debe comprar


Otro elemento al que apunta Holmes se trata del constante cambio de distribución de los objetos en un gran almacén, para que el mapa mental de los clientes habituales tenga "fecha de caducidad".


Y como le explicó a BBC Mundo el experto en publicidad y fundador de Dooley Direct, Roger Doodley, "las tiendas colocan los objetos más comunes lo más lejos posible de la puerta, para maximizar la exposición a otros productos".


"Una teoría un poco más sofisticada agrega que conviene poner cerca de la entrada lo que el consumidor siente que 'debería' comprar, como verduras, porque se tiende a comprarlos cuando no estás listo para consumirlos", agrega el autor de Brainfluence. "Por esa misma razón, las golosinas están cerca de la caja.


Los 'deseados' suelen comprarse para el consumo inmediato". Sin embargo, algunos científicos no están del todo convencidos de la efectividad de estas técnicas.


"El neuromarketing se está convirtiendo en un tema controvertido en el área de la comercialización y dentro de la comunidad científica", advierte la profesora Nilli Lavie, del Instituto de Neurociencia Cognitiva del University College London.


"En general, el enfoque puede ser muy productivo y -potencialmente- puede suministrar información sobre el cerebro del consumidor, algo que de otro modo sería difícil de obtener".


"Sin embargo, en algunas áreas creo que aún es muy grande la brecha entre lo que sabemos científicamente y lo que conocemos sobre las predilecciones de los consumidores a la hora de elegir", agregó.


Cualquiera que sea la posición frente al neuromárketing y sus métodos, todo indica que seguirá dando de qué hablar... y pensar.


análisis


pienso que este hecho es un ejemplo claro de como las personas nos dejamos llevar por la "inercia" el cerebro esta mentalizado en muchas cosas, es decir, estamos pensado en cosas que no tenemos que pensar o que son mas importantes y lo del centro comercial es un buen ejemplo nos anadamos perdiendo aun sin saber que rumbo coger.


en pocas palabras el cerebro del ser humano esta cada dia mas perdido y es por ello que nos antojamos tanto y nos perdemos a la hora de ir algun lugar...y mas en colombia que si se va a un centro comercial es a "vitrinear y no a comprar" dicho en el noticiero del canal RCN, es por esto tambien que la persona se va perdiendo poco a poco

partes de la animacion







animacion